Giuseppe Satriani,  Italia,  Viajes

Aliano entre silencio y «calanchi»

Aliano es un pueblo de la Basilicata donde se puede disfrutar de la vida, entre silencio y «calanchi»

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Aliano una invitación a visitar el silencio y los "calanchi"

Después de Matera, el segundo artículo que escribo para DOSVIAJANDO es una vez más sobre un lugar que se encuentra en Basilicata, la región del Sur de Italia donde nací y que, en la edad adulta, he aprendido a apreciar y valorar en toda su belleza.

Aliano es un pueblo de silencio en la maravillosa Basilicata.

Aliano y Carlo Levi

Es el pueblo cuyo ciudadano honorario es Carlo Levi, que fue deportado allí (en el 1936) por ser un activista antifascista.

Años después Carlo Levi, escribió el libro Cristo si é fermato a Eboli en el cual cuenta su vida en Aliano que en aquel entonces parecía poco menos que el final del mundo (especialmente para alguien como el que venía de la industrial Torino): campesinos esclavizados, la más absoluta de las miserias, la malaria que hacía estragos, la ignorancia profunda de quien allí mandaba.

Carlo Levi se puso de la parte de la gente pobre y les ayudó no solo como médico intentando curar la malaria, si no que sobre todo les ayudó a tomar conciencia de su propio valor para que pudieran avanzar, progresar y enfrentarse a quien, por conveniencia, le hacía cómodo mantenerles pobres e ignorantes.

Si vais a Aliano a disfrutar entre silencio y «calanchi», podéis profundizar toda esta historia en los museos que se han creado en este pueblo alrededor de la figura de este hombre y de sus pinturas

Aliano entre silencio y "calanchi"

«Calanchi»

Lo que se ve en mis fotografías anteriores, son un pequeño fragmento de unas formaciones orográficas maravillosas e impactantes, derivadas de la corrosión de la tierra arcillosa por el agua y el viento: “i calanchi”.

El resultado de este trabajo paciente e incontenible del agua y del viento con la tierra, es un paisaje lunar y de silencio, en el cual un ligero soplo de viento, se percibe como una brisa celestial que rompe la inmovilidad soleada del aire y de la vida.

Hacer fotos requiere madrugar mucho y en esta hora azul que se da justo antes del amanecer, con el trípode puesto a la espera del sol, el aire estaba lleno de olores intensos de Naturaleza y de un sonido incesante de miles de golondrinas haciendo piruetas acrobáticas para cazar insectos y no chocarse con las demás compañeras.

Allí, encima de la colina, con la casi infinita sucesión de montes a mis pies, esperé el momento apropiado para hacer la foto de los “calanchi” que publico abajo del texto, con mi hija a lado haciéndome de ayudante y en completa paz y armonía con el mundo.

Para ser felices, se requiere mucho, muchísimo menos de lo que a veces pensamos con excesivo agobio y buscamos de una manera demasiado espasmódica…

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