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Asia,  Railay,  Tailandia,  Viajes

Juntos hacia el paraíso, Railay

¿Qué tal Bloguefamilia? ¡La Aventura sigue! ¿Queréis saber cuál es nuestro siguiente destino? Un lugar paradisíaco, con arena blanca, lleno de palmeras y con un mar azul turquesa… ¡Nos vamos juntos hacia el paraíso, Railay! O como ellos dicen: Rai Leh!

Juntos hacia el paraíso, Railay
A la sombra en Railay

Railay es una pequeña península al sur de Tailandia donde le tiempo se para bruscamente y sientes como se dilata mientras estas tirado en tu toalla, tomando un rico batido de frutas tropicales,bien cargado de hielo picado. Aquí, todo va despacio y todo fluye bajo un aura de paz y tranquilidad.

Juntos hacia el paraíso, Railay
¿Por qué este sitio? ¿está claro no?

¿Por qué este lugar? Pues la verdad es que un montonazo de buenos motivos nos ayudaron a elegirlo:

  • Es un lugar bañado por los preciosos colores del cálido mar de Andamán
  • Tiene alguna de las playas más bonitas de toda Tailandia.
  • Arena fina y blanca
  • Monos por doquier
  • Lleno de palmeras, manglares y selva.
Vistas espectaculares de Tonsai beach

Vamos, que es el típico paraíso con el que sueles soñar o por lo menos, nosotros sí.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

La zona está mucho menos masificada que otros sitios de Krabi y ya no digamos si lo comparamos con Puket. ¿Y cuál es la razón de esto? Sencillamente, porque llegar aquí es mucho más difícil.

Juntos hacia el paraíso, Railay
Preciosas playas prácticamente vacías

Lo que hace especial a esta península, es que está flanqueada a ambos lados por inmensas montañas de tierra caliza que acaban en unos acantilados de infarto, totalmente cubiertos por una zona de selva prácticamente impenetrable por lo que solo puedes llegar hasta aquí a través del agua.

Vistas desde el mirador

Desde luego, para nosotros, fue una verdadera yincana de transportes para ir juntos hacia el paraíso Railay.

1 – En bus

Para empezar, vamos a coger un minibús para llegar a la estación del tren a tiempo, en Bangkok y coger allí un tren nocturno que nos lleve a Surat Thani.

Así que recogemos todo y nos encaminamos al mítico 7-eleven, el centro neurálgico de todas direcciones en Tailandia. Cruzamos la calle y llegamos a la estación de los autobuses.

¡A tope que está esto!

Dice Suso

Gente con gallinas, frutas, arroz… otros con el uniforme del colegio… uno con una lavadora… Allí, en un pequeño banco de cemento, nos sentamos a esperar. Cuando por fin llega el nuestro, entramos y un montoooon de gente detrás nuestra.

¡Faltan asientos y pasillos para tantas personas, pertenencias y animales!

Empezó el viaje. Ahora ya no hay vuelta atrás. O mejor dicho, de aquí sería imposible salir aun que quisieras.

El bus para cada cinco minutos, unos bajan, otros suben, y el olor a rancio, mezclado con animales que nos acompaña va desapareciendo, o tal vez, simplemente nuestra pituitaria, con el fin de hacernos esto más llevadero, decidió engañarnos.

Pasaron 3 largas horas y entramos en Bangkok y… sorpresa! ¡Cómo no! ¡Una caravana del copón! Ya nos habíamos olvidado como funciona el tráfico en esta ciudad. El bus va mucho más vacío y ya no hace tantas paradas como antes, simplemente, no se mueve.

2 – En Tren

Cruzamos los dedos deseando llegar a tiempo a la estación pero esto no funciona. Ya no tenemos ticket, el tren está repleto. No hay cama, ni en segunda, ni en primera. Una pena.

Esta parte del viaje nos hacía mucha ilusión. Probar la experiencia de un tren nocturno en un país como este tiene que ser una aventura para recordar el resto de tu vida, la gente, los paisajes… te ahorras el hotel… y a la mañana te despiertas en tu destino. ¿No es lo mejor?

3 – En Taxi

¿Miramos avión? Si no volvemos a pillar caravana, igual llegamos.

Dice Alberto mirando el reloj.

Taxiiiiiiiiii! ¡En Bangkok no me quedo!

Grita Suso

Y en un pispás, aquí estamos, en aeropuerto. Ya con los billetes en la mano y listos para subir al avión.

4 – En Avión

El vuelo aunque muy corto, 1h 30m se nos hace largo. Entre una cosa y otra no nos dio tiempo ni a descansar ni a dormir y la verdad… es que nos va haciendo falta. Entre el cansancio acumulado de estos días y este trajín de nervios de corre para un lado y corre para el otro… las ganas de llegar…

5 – En autobús, otra vez

Del aeropuerto a Ao Nang, el pueblo con puerto más cercano a Railay.

Este es un bus mucho más cómodo que el pequeñín cargado de gente de la mañana. Pero tiene un problema, no hay aire acondicionado y hace un calor achicharrante. Cada km que anda sube la temperatura un grado más. Son 20 km aproximadamente, nos deben de quedar 10… Cuando lleguemos la temperatura… alcanzará los 45ºC? Jajaja

No fue para tanto. El bus nos deja cerca del muelle. Compramos una cerveza bien fría y nos dirigimos a él a ver si encontramos un barquito que no lleve hasta Railay. Solo queda un poco más.

Ao Nang

Encontramos longtail que sale un poco más tarde, nos explican que tenemos que esperar hasta que se llene así que nos sentamos a esperar. Hablamos, mojamos los pies, seguimos esperando, tomamos otra cerveza, hablamos, mojamos los pies, seguimos esperando… Madre! Como tardan!

Playa Ao Nang

Viendo que va para largo damos un paseo para conocer un poco el lugar. Parece un buen sitio si no quieres dormir en Railay. Los hoteles seguramente mucho más baratos y puedes contratar una barca que te lleve a la mañana y te recoja a la noche. Pero no, si nos gusta el lugar, queremos disfrutarlo y descansar un par de días allí.

6 – En Logntail

Longtail al atardecer

Volvemos al lugar y justo llega otro autobús

¡nosotros delante! ¡nosotros delante!

Grita Suso

Por fin es la hora de subir. Cargan las mochilas delante y vamos subiendo de uno en uno a la barca. Es larga, muy fina, de madera. Hay un fuerte olor a gasolina. La llevan en un cubo y la pasan hasta el motor con tubo, un motor que es un «fueraborda» en toda regla porque va fuera del agua totalmente, es enorme,como de un coche. Ya os pondremos una foto porque es digno de ver. Ahora no que hay mucha gente.

Como fuimos los primero, delante que nos pusimos. Queremos disfrutar del viaje, verlo todo y llegar los primeros. jajaja

La barca se llena hasta los topes entre personas y maletas. Partimos. Por fin.

¿Esto podrá con todos no?

Dice Alberto mientras toca el agua con los dedos.
empapados hasta la médula

Salimos del muelle. Poco a poco la barca empieza a coger velocidad y… nooooooooo!!!!! Con cada ola el agua entra y salpica. Cada vez más. Las mochilas empapadas, la ropa… y nosotros hasta los calzoncillos, de saberlo hubiésemos ido en bañador.

¡Quiero ir el primero! ¡Quiero ir el primero!

Se burla Alberto meándose de la risa
Quiero ir el primero! Quiero ir el primero!

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

El paisaje es precioso, espectacular. Esas montañas que surgen del mar por aquí y por allá. Cubiertas de selva. Comidas por la base como si flotasen sobre el agua.

Railay, juntos en el paraíso

Llegando a la playa, el barco se para. Faltan tan solo 50 metros para llegar a la orilla. Pero… ¿Qué pasa? ¡Queremos bajar ya!

¡Se acabó la moneda señores! cada uno que coja su equipaje y vaya hacía la orilla!

Dice el capitán

Alaaaaaaa! Ahora entendemos porque viene poca gente aquí. ¿Y vosotros?

Cada uno coge sus mochilas como puede y levantando bien alto los brazos para que no se mojen móviles, cámaras, baterías intenta llegar a la orilla.

Nos sentamos en la orilla a recolocar todo, alzamos la vista y…

¿Has visto?

Dice Suso con la boca abierta

Esto… es el paraiso

Juntos hacia el paraíso, Railay
Con los pies a remojo

Los dos sentados sobre la arena blanca de una playa anclada entre manglares, protegida por escarpadas montañas a ambos lados, con los dedos de los pies refrescándose aun en el azul turquesa del mar… olor a trópico, a especias, a jungla, a pescado fresco… Esto… esto es el paraíso!

¡Venga, busquemos hotel! ¡Aquí nos quedamos!

Un hotel espectacular y con sorpresa

Esta vez, lo tenemos claro. Nada de mirar precios. Uno que nos guste, a pie de playa y con una piscina bien grande. Y la verdad es que no tardamos mucho en encontrarlo y con todas las condiciones.

Dejamos todo, ponemos el bañador y como ya es tarde nos queremos dar un chapuzón en la piscina.

Suso va primero y espera al fondo. Alberto se tira de cabeza queriendo hacerlo bonito y cual sireno bucea hasta llegar a él. ¡Que pasada! ¡Esto sí que es vida!

Saco la cabeza con idea de darle un beso apasionado cuando…

Un cagallón!! Que hay un cagallón!!

Grita Suso como si un tiburón hubiese visto

Alberto, incrédulo, deseando que fuese una hoja o cualquier otra cosa se acerca a comprobarlo. Efectivamente. Está confirmado. Se trata de un mojón de grandes dimensiones flotando en la piscina.

jajajaja  Adiós paraiso.

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