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Costa Rica,  Tortuguero,  Viajes

El DESOVE.

Esto fue algo importante para nosotros, algo que nos hizo pensar en lo que está bien y en lo que está mal, en lo que nos gustaría ver y sentir a partir de este día.

Empezamos:

Cae la noche. La noche que esperábamos ansiosos. En principio este era el objetivo de nuestra visita, contemplar el desove de las tortugas verdes en la playa.

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Llueve muchísimo, casi parece un diluvio, provoca un intenso ruido contra la copa de los arboles y huele a tierra húmeda, a barro. De fondo, el sonido de la selva: los gritos de monos aulladores, el batir de las alas de los pájaros buscando abrigo. Todo esto invade nuestros sentidos. La naturaleza de Tortuguero es fascinante, apabullante y asombrosa. Son estos momentos de tranquilidad, cogidos de la mano, en los que más disfrutamos de la naturaleza. De algún modo conseguimos conectar con ella, con los sonidos y animales que la habitan. Momentos que nos atraparon en este viaje y decidimos repetir una y otra vez tanto en Costa Rica como en otros lugares: Tailandia, Tanzania, Rwanda…

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Nos llaman. Recobramos la consciencia. Es hora de ataviarse como es debido, poner botas de goma (indispensables en todas las excursiones aquí) y un chubasquero, uno de esos de plástico que te cubre el cuerpo entero. No hace frío aún. A pesar de la que está cayendo, la temperatura está muy bien pero si que empieza a refrescar.

Los dos, nerviosos como niños, nos acercamos al grupo. Aquí nos explican las primeras normas. Hay que llevar ropa oscura y está terminantemente prohibido el uso de linternas y cámaras de fotos. Este es un parque protegido por lo que hay que tener especial cuidado e intentar molestar lo menos posible a las tortugas. Para ello se hacen dos pequeños grupos de visitas, el primero que va de las ocho a las diez de la noche y el segundo de las diez a las doce. Cada uno con un guía (gente del pueblo que se preparó para esto) y cada guía irá a uno de los cinco sectores, bastante separados, en que se divide la playa.

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La entrada a la playa esta prohibida sin ser acompañado por uno de los guías desde las seis de la tarde, a partir de esa hora, en la oscuridad de la noche, es cuando más tortugas salen del agua buscando un sitio donde hacer la puesta si no son molestadas. Aun así, es frecuente que muchas de las tortugas que salen a la playa se den media vuelta y huyan asustadas al mar cuando escuchan algún ruido o ven gente esperándolas.

Pues bien, cuando es nuestro turno (el segundo, en el que vas tardísimo), ya empapados, subimos al bote que cruza a la otra orilla del río Tortugero. Corriendo, buscamos un sitio donde cobijarnos y allí al abrigo del chaparrón esperamos a nuestro guía. Era una chica muy guapa, muy amable que aunque sabía muchas cosas sobre las tortugas… se quedaba un poco escasa en conocimientos para nuestro gusto. Queremos saber todo, esto es algo que se ve una vez en la vida y la ocasión lo merece. Prácticamente no decía nada nuevo, en casa devoramos documentales de animales. No es que sepamos mucho sino que ellos deberían estar más preparados.

Tras una breve explicación de porque era la gente del pueblo la que hacía de guía y unas pautas de comportamiento que seguir una vez estuviésemos en la playa empezamos el recorrido hasta nuestro punto de avistamiento, nada cerca por cierto.

Paramos en un punto llamado “estación de espera”. Aquí teníamos un sitio donde sentarnos y resguardarnos de la lluvia pero fue aquí donde todo comenzó a torcerse. O así lo sentimos. Llegaron otros grupos, era tarde, llovía a mares, mojados hasta la médula, las botas llenas de agua y hasta el calzoncillo nos caía de lo empapado que estaba. Tanto llovía y hacía tanto viento que el chubasquero no valía para nada, el agua nos corría por el pecho y la espalda. Un pequeño tiriteo de frío apareció en nuestros labios.

Por si esto fuese poco, la espera se empezó a alargar, la gente empezó a hablar o mejor dicho, vociferar, a moverse, a hacer ruido a pesar de que se exigía hablar en voz baja y permanecer inmóviles como bien había explicado la guía en un principio. Esto nos disgustó, de hecho nos incomodó mucho más que la lluvia.

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Si, es cierto, jarrea y estamos conjelados pero hay que aguantase. Aquí, en estos sitios, no eres tu el importante, primero están ellas, las tortugas. Si tienes que estar callado o no te puedes mover, te aguantas y sino vuelves para el lodge.

Un sentimiento de culpa y de que algo estaba saliendo mal nos empezó a invadir. Tanto… que estuvimos a punto de decirle al guía que ya no queríamos seguir.

Ese momento que deseábamos vivir con tantas ganas e ilusión se vino abajo en un momento y todo por la incultura de la gente.

Entre el desconcierto y el mal cuerpo que se nos estaba poniendo una llamada se escuchó a través del walquitalkie. Era nuestro turno. Habíamos tenido mucha suerte y esta noche parece que muchas tortugas estaban saliendo a hacer su puesta.

Todos nos preparamos, esperábamos el aviso, agazapados nos fuimos acercando, siempre detrás del guía, hasta llegar al límite de los matorrales, donde la playa empieza, la zona donde estaba la tortuga. Ahora si, el grupo era pequeño otra vez y esto nos calmó un poco.

Después de salir del agua, la tortuga marina se va arrastrando como puede hacia la zona alta de la playa (para que las mareas no se lleven los huevos) hasta encontrar el sitio que cree apropiado para desovar. En un primer momento cavan con sus aletas delanteras y luego alternando las traseras hacen el hoyo más profundo, después se sitúan encima y dejan caer sus huevos.

Esta visión es espectacular, lo que buscábamos. Sentimos nuevamente la necesidad de agarrarnos, un escalofrío recorrió nuestro cuerpo y nuevamente sentimos la fuerza de la naturaleza. Es algo indescriptible. Tal vez sea que no somos escritores, pero estos sentimientos no se describen fácilmente.

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En teoría, o eso es lo que dicen los guías, es en este instante cuando la tortuga entra en una especie de trance y no se entera de nada. Es el momento de acercarse, el guía prepara a la tortuga levantándole el rabo y enfoca el acontecimiento con una luz ultravioleta para no molestarla . A pesar de que no estamos seguros de que esto no moleste realmente a la tortuga, la verdad es que ella se quedó allí inmóvil poniendo un montón de huevos, uno tras otro y de uno en uno (pueden llegar a poner más de 150) mientras nos turnábamos para mirar como caían en la arena.

Ahora, a pesar del mal cuerpo que nos quedaba tras sentir que las cosas no se estaban haciendo bien, a pesar de la lluvia y del frío… la verdad es todo se nos pasó por un momento. Una vez más, la naturaleza nos deja asombrados a los dos. Es tan bonito…

Fue poco tiempo el que tuvimos para mirar, suficiente, nosotros ya no necesitábamos más aunque la gente inconscientes de que esto puede causar un problema quería ver otra. De echo, mientras volvíamos al punto de espera otra tortuga que salía del agua se dio la vuelta asustada y volvió al mar. Hay que decir, que ni la misma guía dio mucha importancia a esto y en voz baja nos explicó que al cabo de una o dos semanas las mismas tortugas vuelven a la playa a repetir el proceso así hasta que ponen la barbaridad de mil huevos. De todos modos, a nosotros no nos pareció excusa, lo vimos una vez y bien, incluso asustamos a una tortuga ¿para que vamos a interferir más?

Tras acabar con la puesta, dejó todo bien tapadito y trató de disimularlo haciendo otros agujeros a su alrededor.

Hay que decir que de todos los huevos que pone, una mínima parte sobrevive. Estas tortuguitas no solo deben estar a salvo de la marea y de los diferentes tipos de animales que de forma natural se las comen (cangrejos, gaviotas…) sino de otros peligros que los humanos creamos como los perros del pueblo que se acercan a escarbar en busca de alimento o nosotros mismos, los hombres.

Volvimos al lodge, mojados, muertos de frío tiritando. Acurrucados en la cama le dábamos vueltas a todo lo que habíamos vivido.

Esto del ecoturismo, turismo sostenible… y no se que más nombres tiene… realmente… ¿Es bueno para la naturaleza? ¿ayuda? ¿perjudica?

Nuestro punto de vista y después de haber viajado a muchos sitios como este… Es que si es bueno aunque muchas veces está mal hecho o planteado. En este caso por ejemplo lo que deberían es tener más cuidado y dejar claro a la gente que lo importante son las tortugas, que pase lo que pase y te sientas como te sientas, tu estas ahí para ver algo maravilloso gracias a ellas y por eso has de ser cuidadoso, silencioso, tranquilo… todo lo necesario para poder disfrutar tan sólo unos segundos de una experiencia como esta.

La vuelta por el laberintico lodge en plena selva:

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